lunes, 22 de marzo de 2010

EL SENTIDO DE EDUCAR---SAVATER

PARA ESTUDIANTES FORMACION COMPLEMENTARIA

ANALIZAR LA ENTREVISTA, REALIZAR INVESTIGACION BIBLIOGRAFICA Y REALIZAR UN DEBATE SOBRE LA TEMÁTICA DE LA ENTREVISTA.



Al Tablero: ¿Cómo piensa usted el papel del maestro en el siglo XXI?

Fernando Savater: El maestro es el soporte básico del cultivo de la humanidad y su labor está ligada al sentido humanista de la civilización, porque él pone las bases de todo el desarrollo intelectual futuro, de la persona plenamente humana, civilizadamente decente en compañía de los demás. Es decir, sin una buena educación dada por el maestro, no hay posibilidad de que luego aparezcan el científico, el político, el creador artístico. Toda labor educativa tiene una cierta ilusión artística, es decir, no es una artesanía. Llamo arte a todo aquello que se puede enseñar en sus fundamentos, pero no en su excelencia.

El maestro tiene a veces un papel socialmente humilde, pero fundamental desde el punto de vista de la civilización y de la humanidad.

A.T.: ¿Qué les diría a los maestros que pasaron el umbral del siglo y no fueron preparados para todas las transformaciones que vivimos?

F.S.: Todos sabemos que hay cosas que nos enseñaron y que no podemos enseñar y la paradoja es que tenemos que educar a otros para un mundo que no vamos a conocer. Algunos hemos crecido y sido educados en una dictadura y hemos tenido que preparar a otros para la democracia y las libertades. Los maestros deben gozar de períodos para reciclar sus conocimientos y sus modos pedagógicos, de tal modo que puedan volver a reciclar y a ponerse al día en sus conocimientos. Es algo obligatorio para todos nosotros.

A. T.: Los maestros necesitan aprender nuevas habilidades y convertirse en aprendices toda la vida...

F. S.: Cualquier persona que entre en relación con la enseñanza sabe que su tarea, de transmitir y de asimilar, es inacabable. Una persona que vive de enseñar tiene que estar constantemente abierta a todos los conocimientos, las enseñanzas y lo que pueda mejorarlo como profesor. Cuanto más sabemos enseñar, más nos convencemos de lo que nos falta por aprender.

A.T.: ¿Cuál es la función del maestro para que la sociedad sea más equitativa y más productiva?

F.S.: El maestro puede contribuir a formar personas más inclinadas hacia la justicia, la curiosidad y la laboriosidad, pero hay muchas otras claves que están en la sociedad: económicas, laborales, etc. El maestro intenta preparar las personas para que sean un poco mejores que el promedio de la sociedad a la que van destinadas; ahí es donde se da, en cada caso a su modo, la interacción entre lo social y lo personal. Una cosa es que la enseñanza sea muy importante y otra suponer que es omnipotente.

A.T.: ¿Qué se debería plantear un maestro en su actividad pedagógica para rendirle cuentas a la sociedad? ¿Cómo podría definir un docente del siglo XXI los elementos para decir: "Yo le rindo cuentas a una sociedad que me hace unas exigencias y tiene unos parámetros para medirme"?

F.S.: La pura labor educativa es lo contrario del autismo y no puede ser algo que se separa y que se convierte en una especie de reino aparte, que no da cuentas de información. Lo primero que tendría que haber es una relación fluida de comunicación entre la administración, la sociedad y los maestros para que no vaya la sociedad por un lado y los maestros por otro. El maestro no es el inventor de la educación, sino un educador de la gente que la ejercita, de acuerdo con la orientación que la sociedad decida darle en cada momento. No se educa en abstracto, se educa para intentar mejorar la sociedad y crear personas capaces de vivir en ella. Los objetivos de la educación deben ser una preocupación pública, que esté en los ministerios y en sectores influyentes. El maestro debe ser el agente que pone en práctica lo que los demás han propuesto o teorizado y, de alguna forma, su responsabilidad es entrar en contacto, comprender, aceptar y colaborar en el perfil de ese contenido que se trata de transmitir.

Debe haber algún mecanismo de inspección, de interacción, de coloquio con los padres, con las autoridades docentes, etc., para saber que la tarea se está realizando con normalidad, aunque los resultados, del maestro y de la educación, se ven a largo plazo. No se puede de un día para otro determinar qué éxito ha tenido la enseñanza, aparte de que los maestros enseñan. El maestro no es un hipnotizador, sino alguien que hace el esfuerzo por facilitar el aprendizaje; pero quienes aprenden son los alumnos.

A.T.: Usted ha señalado que "lo importante es que mantengamos la convicción de que hay que ser ultramodernos en los contenidos tecnológicos, en los contenidos científicos, en la utilización de aparatos que puedan ayudar a la transmisión de conocimientos; y clásicos en la defensa de los valores esenciales, porque esos valores no se han transformado"…

F.S.: Sí, por ejemplo, hay quienes miran con desconfianza y horror los ordenadores y la internet; lo ven como una obra del demonio que los va a desplazar; es un planteamiento completamente erróneo. Y lo otro es la mitificación de los medios que dice: "Vamos a mejorar la educación, vamos a poner un ordenador a cada niño en cada lugar". Es estupendo que el niño tenga un buen ordenador, un buen bolígrafo e instrumentos adecuados. Los maestros tienen que saber que el ordenador forma parte del paisaje y que se deben mover en ese paisaje. Pero, además está la educación y, sobre todo, los valores, la idea de que sólo aprendemos a vivir del contacto con nuestros semejantes; no sólo de la perfección de un programa de ordenador, sino de la imperfección de un ser humano. Por eso el maestro es insustituible pues sólo las personas pueden enseñar a vivir a las personas. Ahora, efectivamente hoy tiene unos apoyos mediáticos que pueden en ocasiones aliviar su tarea y ayudarle a explicar, a mantener la atención de los alumnos. Pero también es conveniente siempre decirles a los estudiantes que aprender es una responsabilidad suya.

A.T.: Hay otros que sostienen que el espacio escolar tiende a desaparecer y que hay que pensar en una relación distinta con los estudiantes…

F.S.: Hay que procurar extender lo más posible el espacio escolar. El aula educa y enseña tanto como el profesor. El hecho de que el niño, el adolescente, salga por primera vez de su mundo familiar afectivo, y se encuentre con el mundo de lo público, en el que se exigen el respeto y la convivencia dentro de un aula con otros que no son sus parientes y que han llegado por el azar de la organización de la enseñanza, es algo pedagógicamente insustituible. Si el niño se queda en su casa y desde allí le llegan las noticias, eso no es una enseñanza educativa en el sentido pleno del término.

A.T.: La concepción del papel del maestro ha cambiado con el tiempo… Y el maestro se ve en ese dilema de tener que ser autoritario o ser amigo…

F. S.: El maestro no es un tirano sino una autoridad. El tirano quiere conservar a todo el mundo convertido en niño, mientras que la autoridad ayuda a crecer e implica un acompañamiento. El niño está en un mundo que ya tiene unas exigencias; de alguna manera el mundo no se ha inventado para complacerlo, sino que tiene que conocerlo y comprenderlo para entrar en él. Los compañeros dan un sentido de pluralidad generacional y el maestro representa las generaciones anteriores. Es decir, de alguna manera, se encarga de representar la realidad por la vía del conocimiento.

A.T.: Lo que está unido a la responsabilidad, a la ética de la labor educativa y a la vocación…

F.S.: La tarea del maestro es la verdadera preocupación por el otro, que es el más alto nivel de moralidad. El hombre moral es el que se da a la persona. La educación es uno de los símbolos de la preocupación por los demás. Es importante que el maestro tenga vocación y gusto por lo que hace, como también lo es el que sea tratado de acuerdo con el esfuerzo y la dificultad de su tarea. Si comprendemos el término maestro en un sentido más amplio, como el de la persona que enseña a otros, entonces en nuestras sociedades democráticas todos somos maestros, unos de otros, para ayudarnos a comprender y a vivir en lo real. Y no es lo mismo ejercer esa función desde la paternidad, desde un papel público, o desde la persona que académicamente tiene que afrontar una clase.

A.T.: El maestro debe entender el mundo del niño, del educando de hoy…

F.S.: Hablamos de un ser humano y por lo tanto de un ser histórico; los niños del siglo XIX no son iguales a los de ahora, que nacen con la televisión puesta, en un mundo de libertades que no teníamos en otras épocas. Los niños no son seres al margen de sus condiciones sociales, culturales y familiares. El maestro debe buscar un lenguaje común con los niños.

A.T.: Usted ha expresado que "vivimos en un mundo apresurado, de urgencias e inmediatez" y eso afecta a la educación…

F.S.: Son los elementos que conspiran contra la importancia pública de la educación, cuya necesidad es inmediata, pero no sus resultados. La sociedad lo que quiere es un rendimiento inmediato y como eso no pasa, hay una sensación de frustración e inutilidad. El desarrollo de la cultura y el conocimiento aparecen como un lujo frente a la urgencia.

A.T.: ¿Qué queremos de la educación hoy?

F.S.: Esa pregunta sólo la podemos responder juntos como sociedad y está sujeta a debate. La educación es el cultivo de la humanidad. Entonces, ¿cómo cultivarla en las condiciones presentes? ¿En qué vamos a insistir? ¿A qué le damos prioridad? Hay muchas cosas interesantes que enseñar, pero debemos distinguir entre lo interesante y lo imprescindible. Esto último, es ser capaz de comprender y de expresarse, dos capacidades básicas para moverse en una democracia. De ahí que sea fundamental la enseñanza de todo lo referido a la comprensión y utilización argumental de los lenguajes, ya sean simbólicos o formales, así como la de los conocimientos científicos elementales: humanística, historia, física, etc. Y luego, poco a poco, la formación ética, ciudadana, en aquellos valores que son compartidos por todos.

A.T.: Hay una frase de su libro `El valor de educar´, que dice: "Me parecía sorprendente que por un lado la educación fuera el remedio universal de todos los males, y por otra parte la gente no se preocupaba fundamentalmente de la educación". ¿Qué ocurre hoy, ocho años después de publicado el libro?

F.S.: Se trataba de concederle cada vez más importancia al papel de la educación y de los maestros en la sociedad. La educación ha pasado de ser algo accesorio y que entretenía a los niños y los hacía crecer, a convertirse en algo radical y decisivo en la vida de cada uno. Hay que potenciar en quienes aprenden la capacidad de preguntar y preguntarse. Es parte de esa vocación de aprender. Las verdaderas preguntas están movidas por el interés y la curiosidad por las cosas y no simplemente por el deseo de causar efecto o de exhibirse. Esas preguntas son las que orientan al educador respecto a qué es lo que tiene que ofrecer a su educando y saber dónde debe insistir, dónde están los problemas y dónde hay menos conocimiento.

(*) Fernando Savater cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Central de España, de donde tiene un doctorado. Profesor de Historia de la Filosofía en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, de Ética y Sociología en la Universidad de Educación a Distancia y de Ética en la Universidad del País Vasco, en San Sebastián. Ha intervenido en la elaboración de la Gran Enciclopedia de España y la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía. Entre sus publicaciones están: La Escuela de Platón, Ética para Amador, El Valor de Educar, Las preguntas de la Vida, El Arte de Elegir y Los Diez Mandamientos en el Siglo XXI, entre otras. El último libro lanzado en Colombia es El Gran Laberinto, Ariel, marzo de 2005.

¿PARA QUÉ LA FILOSOFIA DE LA EDUCACIÓN

ESCUELA NORMAL SUPERIOR SOR JOSEFA DEL CASTILLO Y GUEVARA
CHIQUINQUIRÁ

FORMACIÓN COMPLEMENTARIA
FILOSOFIA DE LA EDUCACIÓN -
Docente orientadora: Leonor Mercedes Peña M.
¿PARA QUE LA FILOSOFIA DE LA EDUCACIÓN
Es sospechosamente curioso el hecho de que de todas las profesiones existentes, sea precisamente la del educador al que se le exija una constante reflexión por el significado de su ciencia. Al médico, al ingeniero, al abogado o al licenciado en letras no se les ve discutir acerca de la medicina, la ingeniería, el derecho o la literatura ni mucho menos la repercusión de su oficio en la sociedad. Quizás por considerarse al educador como un eje fundamental de la sociedad, en cuyas manos se decide el destino de los habitantes de un país, la sociedad misma le exija claridad y tino en el ejercicio de su oficio.
Este constante reflexionar del educador acerca de su profesión ha obligado a la ciencia pedagógica a recurrir a la filosofía para despejar sus incógnitas. Así, una rama de la filosofía nace con el nombre de “filosofía de la educación”, con el propósito de analizar lo que han dicho quienes practican y teorizan acerca de la educación y de sus problemas fundamentales:
En la filosofía de la educación se pretende responder preguntas tales como: ¿qué involucra la educación?, ¿qué es exactamente enseñar?, ¿cuándo se puede afirmar con propiedad que se “sabe” algo?, ¿qué criterios deben satisfacerse para decir que lo que un maestro hace puede caracterizarse verdaderamente como “punitivo”?, ¿qué quiere decir que todos los niños deben tener “igualdad de oportunidades”?, ¿qué significa “libertad” en un contexto educativo?
La educación toma de la filosofía la reflexión y el punto de vista de la totalidad para esclarecer los problemas relativos a la pedagogía. Así, viendo la educación como un todo, reflexionando acerca del hecho educativo desde sus presupuestos fundamentales, podrá el educador tener una mayor conciencia de su labor educativa y saber que su práctica descansa sobre temas que se relacionan con la humanidad.

Son tres los problemas de la filosofía de la educación:
El primer problema al cual se enfrenta la filosofía de la educación es al tipo de ser humano que se desea formar. Este problema, que se ubica en el ámbito de la Antropología filosófica, parte desde las inquietudes socráticas por el ser y llega hasta nuestros días. Y esta pregunta es fundamental por cuanto si la educación tiene por propósito la transformación del individuo a través del conocimiento, una filosofía de la educación debe partir de la idea de ser humano:
Fácil es comprender que la pedagogía presupone una idea del hombre. Necesita un saber acerca de su estructura y esencia, antes de señalar fines y medios a la educación. Estos se definen en relación estrecha con aquella idea. El teórico de la educación debe consultar a la filosofía, la doctrina en torno del hombre. Esta servirá de base a la idea esencial de la educación y a una concepción fundamental sobre sus medios (...) Toda pedagogía es, previamente, ciencia profunda del hombre. (Mantovani, 1983: 25).
Pero si toda educación funda su quehacer en la idea de ser humano, el hecho de la multiplicidad de definiciones ha dado como resultado una constante experimentación y variación en la teoría educativa. Desde que Sócrates en el siglo V a.C. intentó inútilmente definir al ser humano buscando sus cualidades comunes (“el hombre es un ser bípedo implume”, diría el filósofo griego), la humanidad ha ensayado una idea de hombre para cada época histórica. El hombre político de la Grecia Antigua, el hombre como ser racional de Aristóteles, el hombre religioso de la Edad Media, el hombre cósmico del Renacimiento, el hombre máquina de la Revolución Industrial, el hombre como nada del existencialismo, no son más que ejemplos del vasto campo de las concepciones acerca del ser humano. (Groethuysen, 1975).
Cuando una educación adolece de firmes convicciones acerca de la idea de ser humano, corre el riesgo, como lo hecho hasta ahora por la educación occidental contemporánea, de refugiarse en los falsos brillos de la innovación metodológica, avanzando con creces en la técnica y el dato estadístico, pero abandonando al ser humano a su suerte.
El segundo problema fundamental de la filosofía de la educación es el de la pregunta por los medios, por la manera de alcanzar ese ser humano que ya se ha definido en la primera pregunta. Este problema se halla en el ámbito de la Axiología, por cuanto a través de ciertos valores, estrategias y técnicas se puede lograr la consecución del hombre deseado.
El problema por los medios, requeridos en la filosofía de la educación, se fundamenta en la respuesta dada a la concepción antropológica. Luego de conocer al ser humano que se desea formar, el docente planifica una serie de estrategias y técnicas para cumplir su labor educativa. Hoy, sin embargo, la educación occidental ha puesto su interés en la técnica haciendo de la enseñanza una flor marchita y sin creatividad. El docente busca contenidos y estrategias de clases planificadas con anterioridad por otros docentes, haciendo de la enseñanza un armazón de reglas técnicas y código de preceptos docentes. Volviendo a los fundamentos de la educación a través de la filosofía, puede el docente convertir la enseñanza en actividad creadora y transformadora. Y ello se consigue respondiendo la tercera y última pregunta fundamental de la filosofía de la educación.
El tercer y último problema de la filosofía de la educación es la pregunta por los fines, problema sujeto a la Teleología de la educación que sirve como bitácora que señala la llegada a todo esfuerzo educativo:
El problema del fin es, sin duda, el más grave y el menos soluble dentro de la teoría educativa. Está sometido a las mayores variaciones y contingencias de tiempo y lugar. Aun en la educación práctica adquiere una importancia decisiva. La acción educativa es un sistema coordinado de medios para influir en dirección a un fin determinado. Educar es mirar hacia un fin y procurar su realización. Por ello resulta débil una pedagogía constituida exclusivamente por medios educativos. (Mantovani, 1983: 84-85).
Estos tres problemas, el qué, cómo y para qué de la educación, constituyen los problemas fundamentales de la educación vistos desde el punto de vista de la totalidad.
Hacer filosofía de la educación es responder estas preguntas cuyas respuestas varían dependiendo de la época, la geografía y el paradigma en los cuales se base. Un docente, consciente o inconscientemente siempre trabaja bajo estas premisas. Si lo hace conscientemente, sabrá qué tipo de ser humano desea formar y se imaginará a esos sujetos que tiene delante de sí en un futuro desempeñando o viviendo una vida acorde con la enseñanza recibida; sabrá también ese maestro cómo formar a ese ser humano que desea educar, con cuáles valores, contenidos y estrategias desempeñar su labor educativa y sabrá además ese docente el fin de todo su trabajo como docente y el para qué cambiar el estado de ese sujeto que se desea transformar. El docente conocedor de esas respuestas será un profesional de la educación crítico y con una mejor oportunidad de alcanzar sus objetivos.

Pero si hacer filosofía de la educación es responderse estas tres preguntas:
¿Qué tipo de ser humano deseo formar? –

¿Con cuáles valores y contenidos? –
¿Para qué educar? –

TRABAJO PARA EL ESTUDIANTE DE FORMACIÓN COMPLEMENTARIA:

QUÉ ÁMBITOS DE LA FILOSOFÍA DAN RESPUESTA A CADA UNA DE ESTAS TRES PREGUNTAS? DEFÍNELOS Y EXPLICA POR QUÉ DAN RESPUESTA A LAS PREGUNTAS ENUNCIADAS .

Hemos de estar seguros que toda pregunta tiene más de una sola respuesta. ¿Cómo pensar entonces en una filosofía de la educación? Podemos imaginar, por ejemplo, una educación en la cual se forme un ser para el trabajo, para ello se reforzará la educación productiva y la adquisición de habilidades y técnicas de producción con la intención de aumentar el producto interno bruto de una nación. Podemos también pensar una educación para formar un ser libre por medio de una educación autogestionaria, antiautoritaria, con la finalidad de alcanzar una sociedad libre. Como vemos, las opciones de respuesta a esas tres preguntas son variadas, por lo que hablar de “Filosofía de la Educación” resultaría contradictorio. Por ello, sugerimos la adopción del plural “Filosofías de la Educación”, como forma de afianzar el carácter diverso de la filosofía de la Educación en las instituciones educativas.



BIBLIOGRAFIA
-Groethuysen, B. (1975) Antropología filosófica. Buenos Aires: Losada.
-Mantovani, J. (1983) La educación y sus tres problemas. Buenos Aires: El Ateneo.
-Moore, T.W. (1998) Introducción a la filosofía de la educación. México: Trillas.
-Neff, F. (1968) Filosofía y educación. Buenos Aires: Troquel.

miércoles, 3 de marzo de 2010

2. Reflexiones sobre filosofia de la educación

ESCUELA NORMAL SUPERIOR SOR JOSEFA DEL CASTILLO Y GUEVARA- CHIQUINQUIRA

PENSEMOS SIN CUENTA... FILOSOFIA DE LA EDUCACION

REFLEXIONES ACERCA DE UNA FILOSOFIA DE LA EDUCACION

La tarea de una Filosofía de la Educación es el cuestionamiento acerca de los fundamentos de la educación misma. Es ésta una disciplina nueva que comienza a integrarse en los currículos de las instituciones.

El análisis de estos fundamentos se centra en una investigación teórica que permite comprender y evaluar las ideas educativas vigentes dentro de las diversas instituciones educativas.

Aunque la educación siempre ha sido un problema candente, tanto para los individuos como para los Estados, es sólo hasta nuestros días que la filosofía de la educación comienza a establecerse como una disciplina filosófica autónoma, que se estudia con base en una problemática específica y que posee una metodología que permite la reflexión sistemática.

Lo anterior resulta paradójico, ya que puede decirse en verdad que los filósofos de todas las épocas, como también los educadores, han intentado el análisis y la crítica de las ideas educativas de sus respectivas épocas. Muchos de ellos no se han limitado a la mera crítica y han propuesto soluciones acerca de lo que a su juicio debe ser la educación. Por ejemplo, varios diálogos platónicos pueden visualizarse como análisis en torno a problemas de la FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN (el Menón con su discusión acerca de si la virtud puede ser enseñada y la República que constituye un tratado completo sobre la educación de los ciudadanos).

Sin embargo, las investigaciones filosóficas sobre la educación han sido siempre enfocadas dentro de perspectivas más amplias de la filosofía misma: desde una concepción metafísica, o a partir de una teoría del conocimiento, o con base en un planteamiento político. En todos los casos se presenta dentro de un ámbito que rebasa la problemática específica de una FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN, planteándose a un nivel de interés tangencial. En esos casos queda mediatizada por la subordinación al contexto metafísico, epistemológico o político del cual se plantee.

La FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN debe situarse como una rama más de la Filosofía, siempre en contacto directo con los desarrollos más recientes del investigar filosófico. Es decir, es necesario contemplarla como una disciplina autónoma y como tal, no independiente de las demás disciplinas filosóficas establecidas ya con pleno derecho (tales como la Ética, Ontología, Teoría del Conocimiento, Filosofía Política, etcétera). Así no queda subordinada a, sino enriquecida por los aspectos que le sean relevantes para el tratamiento filosófico de los problemas educativos.

En el sentido anterior podría ofrecerse como ejemplo el trabajo que realiza la Filosofía Política. Esta disciplina posee un campo de investigación propio: las ideas y las instituciones políticas. También plantea una problemática específica y emplea una metodología que le es peculiar; sin embargo, no desdeña las aportaciones de las disciplinas filosóficas y científicas que le resulten relevantes. Por tanto, es autónoma, se relaciona con otras ramas de la Filosofía pero no se subordina a éstas.

Aplicando este esquema a la FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN y casi a manera de prolegómenos, su primera tarea consiste en determinar el tipo de problemas a tratar dentro del amplio marco de la educación. En segundo término, definir el método filosófico más apropiado para abordar tal problemática.

Pensamos que es precisamente la indefinición problemática y metodológica la que ha llevado a proponer como FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN, una serie de exposiciones sobre la educación que mezclan, indiscriminadamente, lo histórico con consideraciones pedagógicas doctrinarias y moralizantes que en rigor no pueden llamarse FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN; y de serlo rebajan su status como posible rama autónoma de la Filosofía, convirtiéndola simplemente en una investigación sencilla de otra rama más amplia de la Filosofía o como un capítulo más de la Pedagogía.

Resulta evidente, la necesidad de reconocer que una FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN se basa en la existencia del problema individual y social de cómo debemos ser educados, a través de cuál método pedagógico y con base en qué criterio valorativo.