domingo, 6 de febrero de 2011

REFLEXIONES ACERCA DE LA FILOSOFIA DE LA EDUCACION


  REFLEXIONES ACERCA DE UNA FILOSOFIA DE LA EDUCACION

La tarea de una Filosofía de la Educación  es el cuestionamiento acerca de los fundamentos de la educación misma. Es ésta una disciplina nueva que comienza a integrarse en los currículos  de las instituciones. El análisis de estos fundamentos se centra en una investigación teórica que permite comprender y evaluar las ideas educativas vigentes dentro de las diversas instituciones educativas.
Aunque la educación siempre ha sido un problema candente, tanto para los individuos como para los Estados, es sólo hasta nuestros días que la filosofía de la educación comienza a establecerse como una disciplina filosófica autónoma, que se estudia con base en una problemática específica y que posee una metodología que mejor se le adecua.
Lo anterior resulta paradójico, ya que puede decirse en verdad que los filósofos de todas las épocas, como también los educadores, han intentado el análisis y la crítica de las ideas educativas de sus respectivas épocas. Muchos de ellos no se han limitado a la mera crítica y han propuesto soluciones acerca de lo que a su juicio debe ser la educación. Por ejemplo, varios diálogos platónicos pueden visualizarse como análisis en torno a problemas de la Filosofía de la Educación (el Menón con su discusión acerca de si la virtud puede ser enseñada y la República que constituye un tratado completo sobre la educación de los ciudadanos).
Sin embargo, las investigaciones filosóficas sobre la educación han sido siempre enfocadas dentro de perspectivas más amplias de la filosofía misma: desde una concepción metafísica, o a partir de una teoría del conocimiento, o con base en un planteamiento político. En todos los casos se presenta dentro de un ámbito que rebasa la problemática específica de una Filosofía de la Educación, planteándose a un nivel de interés tangencial. En esos casos queda mediatizada por la subordinación al contexto metafísico, epistemológico o político del cual se plantee.
La Filosofía de la Educación debe situarse como una rama más de la Filosofía, siempre en contacto directo con los desarrollos más recientes del investigar filosófico. Es decir, es necesario contemplarla como una disciplina autónoma y como tal, no independiente de las demás disciplinas filosóficas establecidas ya con pleno derecho (tales como la Ética, Ontología, Teoría del Conocimiento, Filosofía Política, etcétera). Así no queda subordinada a, sino enriquecida por los aspectos que le sean relevantes para el tratamiento filosófico de los problemas educativos.
En el sentido anterior podría ofrecerse como ejemplo el trabajo que realiza la Filosofía Política. Esta disciplina posee un campo de investigación propio: las ideas y las instituciones políticas. También plantea una problemática específica y emplea una metodología que le es peculiar; sin embargo, no desdeña las aportaciones de las disciplinas filosóficas y científicas que le resulten relevantes. Por tanto, es autónoma, se relaciona con otras ramas de la Filosofía pero no se subordina a éstas.
Aplicando este esquema a la Filosofía de la Educación y casi a manera de prolegómenos, su primera tarea consiste en determinar el tipo de problemas a tratar dentro del amplio marco de la educación. En segundo término, definir el método filosófico más apropiado para abordar tal problemática.
Pensamos Pe     Pensamos que es precisamente la indefinición problemática y metodológica la que ha llevado a proponer como Filosofía de la Educación, una serie de exposiciones sobre la educación que mezclan, indiscriminadamente, lo histórico con consideraciones pedagógicas doctrinarias y moralizantes que en rigor no pueden llamarse Filosofía de la educación; y de serlo rebajan su status como posible rama autónoma de la Filosofía, convirtiéndola simplemente en una investigación  de otra rama más amplia de la Filosofía o como un capítulo más de la Pedagogía.
Resulta evidente, la necesidad de una Filosofía de la Educación que se base  e en la existencia del problema individual y social de cómo debemos ser educados, a través de cuál método pedagógico y con base en qué criterio valorativo.  
¿Qué es Filosofía para escolares?
La Filosofía para escolares es un proyecto  que desarrolla las habilidades del razonamiento crítico, riguroso, creativo y razonable, permitiendo a los niños y adolescentes del mundo contemporáneo, a través de la dialéctica de la discusión entre compañeros y de la contrastación y aplicación en la práctica, forjar los principios y valores sólidos que necesitarán para hacer frente de manera eficiente a los nuevos retos de su sociedad.
Para darle sentido a este trabajo de reflexión, es deseable involucrar a los escolares en las temáticas filosóficas, lo que quiere decir que los problemas filosóficos deben analizarse desde situaciones cotidianas que los escolares identifiquen con su propia realidad. Ello permitirá que aprendan a reconocer sus diferentes emociones y a investigar y/o cuestionar sus propias actitudes y reacciones frente a ellas, paso inicial de todo pensamiento filosófico.
Esto se puede lograr concretamente a través de la lectura conjunta de cuentos, novelas u otros textos especialmente elaborados o adaptados, que traten los problemas de la filosofía problematizando las relaciones cotidianas familiares, grupales y sociales con los que los escolares están familiarizados, tras lo cual se procede a la discusión de los temas de interés de los escolares llegando a una profundidad y rigurosidad cada vez mayor en el análisis individual y a una perspectiva cada vez mayor acerca del tema debido al frecuente intercambio de puntos de vista entre compañeras y compañeros
Quién lo pone en práctica?
La enseñanza de la filosofía desde la escuela primaria puede ser llevada a la práctica por profesores de filosofía de secundaria o por egresados de las Escuelas normales. Para lograr una implementación rigurosa de la enseñanza de la filosofía en los colegios, tanto a nivel primario como secundario, es necesario que los docentes tengan una sólida formación en filosofía y que se haga un seguimiento de las experiencias y de los progresos de los escolares.
Cómo se trabaja en la enseñanza de filosofía con los niños?
La Filosofía en los colegios se trabaja a partir de un currículo prediseñado textos e historias que tocan distintas disciplinas de la filosofía: ética, estética, lógica, filosofía del lenguaje, filosofía del conocimiento, filosofía de la naturaleza y filosofía política.
Estos materiales se trabajan dentro del marco de un conjunto de pautas metodológicas cuidadosamente diseñadas y probadas. Los textos se leen en clase y se los utiliza como punto de partida y contenido de la discusión y de los ejercicios a realizar. Los docentes  exploran  y  desarrollan junto con sus estudiantes las posibilidades del diálogo crítico y creativo en el aula, incentivando en todo momento el cuidado y el respeto por las opiniones divergentes. Cada texto viene acompañado de un libro de apoyo para el docente, con sugerencias, ejercicios, explicaciones de fondo y referencias.  
La filosofía da a los chicos la oportunidad de hacerse preguntas, permite    aprender de una manera más abierta y flexible. La idea no es trasmitir la historia de la filosofía ni el pensamiento de Hegel o Marx. La idea es que los chicos hagan lo que hacen los filósofos: filosofar.

—Hay quienes sostienen que no se puede filosofar hasta alcanzada cierta madurez ¿Cómo argumenta lo contrario?

—Hay una tradición muy fuerte en la filosofía y en la psicología educacional que liga la filosofía al desarrollo de ciertas habilidades de abstracción y razonamiento. Creo que el pensamiento es algo que no está tan jerarquizado y que lo que hace falta para filosofar es, sobre todo, una cierta apertura. No se trata tanto de hacer ciertas operaciones mentales, de lo que se trata es de hacerse preguntas, problematizar la realidad, tratar de crear conceptos y establecer ciertas distinciones. Y de no pensar que una vez que se encuentra una respuesta se terminan las preguntas.

La filosofía supone ciertas herramientas del pensamiento abstracto que sólo se dan a partir de determinada edad o porque cumple una especie de función de síntesis de todos los saberes y por eso viene después. En cambio, creo que la filosofía puede darles a los chicos la posibilidad de explorar una dimensión de su pensamiento que otras disciplinas no hacen. Es como un complemento interesante que les da la oportunidad de aprender de una manera más abierta y flexible. Y esto no necesariamente supone una escuela sino que también es aplicable al campo de la educación informal.

En general en el mundo, la presencia de la filosofía es muy marginal. Sabemos que la escuela es una institución con fines muy específicos y con muchos condicionamientos. Y tampoco está claro que exista en ella la libertad que exige la filosofía para pensar. Además, en el ámbito de la educación media hay una manera tradicional de relacionar la historia de la filosofía con la filosofía. Y no se trata de eso. Lo que sí hay son muchas experiencias que por ahora no tienen un correlato en la legislación ni están contempladas en el currículo.
—En general, la educación es un problema menor para los filósofos. Por ejemplo: a los alumnos de X carrera los titulares de cátedra les suelen decir que además de su carrera específica se dará algo de filosofía.
EDUCACION
El término educación, fonética y morfológicamente, como una raíz de educare (conducir, guiar u orientar); pero semánticamente también refiere la raíz de educere (hacer salir, dar a luz). Esta situación ha permitido la coexistencia de dos esquemas conceptuales básicos: a) un modelo directivo ajustado a la versión de educare; y b) un modelo de desarrollo, filosofía de la Educación referido a la versión de educere.
Cabe señalar que el término de educación ha sido interpretado de diversas maneras en el transcurso del tiempo. De hecho, cada autor le ha asignado un significado dependiendo de la época y las necesidades de instrucción que tuvieron que enfrentar. No hay una gran diferencia entre filosofía de la Educación  y la formación de cada uno de estos autores, todos ellos fueron reconocidos científicos del campo de las  ciencias sociales. El contraste entre sus nociones de educación radica exclusivamente en su postura ideológica. A continuación se presentan algunas de las concepciones elaboradas por  estos distinguidos pedagogos y filósofos de la educación.
Para Emmanuel Kant por ejemplo, el ser humano obtiene esta categoría exclusivamente por la educación. El ser humano necesita educarse, debe recibir instrucción y disciplinarse para enfrentar las presiones del ambiente; los animales no lo requieren ya que se defienden por instinto. De esta manera, encontramos que la instrucción es la idea central del esquema general del proceso educativo para Kant.[2]
En otro sentido, Juan Jacobo Rousseau planteaba que el ser humano posee la capacidad de aprender a través de la experiencia y que la educación es el instrumento mediante el cual puede desarrollar todas las facultades que posee. Por esta razón, Rousseau concebía a la educación como un proceso continuo que empieza desde el nacimiento y sigue el desarrollo natural de las facultades latentes del ser humano: la sensación, memoria y comprensión, por lo que proponía una educación que tomara como punto de partida la naturaleza humana. El ser humano debe descubrir por sí mismo las presiones del ambiente; en este proceso, el rol del educador sería exclusivamente propiciar ambientes naturales en los que pueda darse este aprendizaje y no tratar de inducir conocimiento alguno a través de la instrucción.[3]
Para la corriente positivista, encabezada por Augusto Comte y Emilio Durkheim, la educación es “la acción ejercida por los adultos que tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño un cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que le exige el medio al que está particularmente destinado”.[4] En esta definición se manifiesta un proceso de elaboración de una propuesta ideológica que considera que el fin de la educación es formar al ser humano para su vida futura con valores tales como el orden y el progreso. Esta concepción contempla también la necesidad e interés de los grupos humanos por su conservación y preservación.
John Dewey es otro filósofo que estuvo profundamente interesado en la teoría educativa. Sus principios filosóficos proponían que la educación no debía ser exclusivamente una preparación para la vida futura, sino que debía proporcionar elementos para la realización cotidiana del individuo. Su trabajo y sus escritos influyeron significativamente en los profundos cambios experimentados en la pedagogía mundial en los inicios del siglo XX,  la filosofía de la Educación se manifiesta en  n el cambio del énfasis de lo institucional y burocratizado a la realidad personal del alumno, esforzándose en demostrar cómo este planteamiento práctico puede actuar en los asuntos de la vida diaria.[5]
En tiempos más recientes, la educación se ha definido como una institución del bien común. Esta nueva definición concibe el acceso a la educación como una filosofía de la Educación  que defiende los principios de obligatoriedad y gratuidad, principios que están directamente articulados a la problemática de la igualdad de oportunidades. Esta noción interpela tanto a la idea del derecho a la educación, incorporada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como al derecho, según Jean Piaget, que todo ser humano tiene a ser colocado durante su formación en un medio escolar en el que pueda llegar a elaborar los instrumentos indispensables para su adaptación al entorno.
BIBLIOGRAFÍA

MEIRIEU, P. (1998) Frankestein educador. Barcelona: Laertes
NASSIF, R. (1980) Teoría de la educación. Madrid, Cincel-Kpelusz.
NIETZSCHE, F.(1884-86) Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza, 1997
NÚÑEZ, V. (1999) Pedagogía Social : Cartas para navegar en un nuevo milen
io. Barcelona : Santillana
SAVATER, F. (1997) El valor de educar. Barcelona: Ariel
SEIRUL-LO VARGAS, F. (1992). Valores Educativos del Deporte en Revista de Educación Física, 44, 3-11.
TIZIO H. (2003) Reinventar el vínculo educativo: aportaciones de la Pedagogía
Social y del Psicoanálisis. Barcelona: Gedisa





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